Con la mira puesta en superar los cuellos de botella del cultivo extensivo, firmas locales y centros de investigación apuestan por la tecnología de recirculación (RAS). El objetivo es reducir la dependencia de insumos importados y escalar la producción nacional de especies de alto valor comercial durante todo el año.
La acuicultura argentina atraviesa una etapa de definiciones. Mientras que el sector ha demostrado una resiliencia notable frente a los cambios económicos, la profesionalización del cultivo depende ahora de una transición necesaria: el paso de la producción estacional a la intensificación tecnológica. En las últimas semanas, un consenso técnico ha ganado terreno en los principales foros de producción del país: los Sistemas de Recirculación Acuícola (RAS, por sus siglas en inglés) dejaron de ser una opción de laboratorio para convertirse en una necesidad competitiva.
La adopción de estas tecnologías, que permiten controlar variables críticas como la temperatura, el oxígeno disuelto y la calidad del agua, representa un cambio de paradigma. Históricamente, la acuicultura nacional ha estado sujeta a los ciclos biológicos impuestos por las condiciones climáticas regionales, lo que limitaba las ventanas productivas. Hoy, el foco está puesto en la eficiencia del uso del recurso hídrico y la mitigación de riesgos sanitarios.
“La recirculación no es solo un avance técnico; es la herramienta que nos permite garantizar el suministro en un mercado interno que demanda estabilidad”, señaló un referente del sector durante el reciente encuentro de especialistas en el polo acuícola bonaerense. La capacidad de recircular hasta el 98% del agua utilizada no solo reduce el impacto ambiental, sino que optimiza drásticamente los costos operativos, permitiendo densidades de siembra superiores y una mayor uniformidad en las tallas de cosecha.
Sin embargo, el desafío no es menor. La implementación de sistemas RAS en Argentina conlleva una curva de aprendizaje pronunciada. La gestión del biofilm en los biofiltros y el monitoreo constante de los niveles de amoníaco requieren de un personal altamente capacitado, un nicho en el que las universidades locales y los centros de investigación están empezando a trabajar con mayor intensidad.
Otro eje fundamental de este desarrollo es la búsqueda de la soberanía en la formulación de dietas. La tecnología RAS permite una eficiencia alimentaria superior, siempre que la nutrición sea la adecuada. En ese sentido, las pruebas que se están llevando a cabo con subproductos de otras industrias agroalimentarias locales para reemplazar la harina de pescado importada están arrojando resultados prometedores.
Para que este salto tecnológico se traduzca en una realidad de mercado, es imperativo que las políticas de incentivos se alineen con las necesidades de infraestructura. El acceso a créditos blandos para la adquisición de equipos de filtración, bombas de alta eficiencia y sensores de monitoreo es la pieza faltante para que las pymes del sector puedan dar el salto.
El camino está trazado. La acuicultura argentina cuenta con el conocimiento y la capacidad productiva. La integración de sistemas tecnológicos modernos no solo permitirá ampliar la oferta de productos locales, sino que posicionará al país como un actor relevante en la producción sostenible de proteínas acuáticas, dejando atrás las limitaciones que durante años condicionaron su crecimiento.














