Los últimos datos del sector pesquero chileno muestran un comportamiento dispar entre la pesca extractiva y la acuicultura. Mientras los desembarques disminuyeron con fuerza durante los primeros cinco meses del año, la producción acuícola volvió a crecer, consolidando una tendencia que se repite a nivel mundial y que también representa una oportunidad para la Argentina.
La acuicultura continúa consolidándose como uno de los sectores de mayor crecimiento dentro de la producción mundial de alimentos de origen acuático. Así lo reflejan los últimos datos publicados en Chile, donde entre enero y mayo de 2026 la actividad alcanzó las 669 mil toneladas, un 6% más que en igual período del año anterior.
El incremento estuvo impulsado principalmente por la cosecha de peces, que registró una suba del 13%, mientras que la producción de moluscos mostró una leve retracción.
En contraste, la pesca extractiva continúa atravesando un escenario más complejo. Durante el mismo período, los desembarques totales —sumando pesca y acuicultura— alcanzaron 1,7 millones de toneladas, un 24% menos que en los primeros cinco meses de 2025 y el nivel más bajo para ese lapso desde 2016.
Los datos vuelven a confirmar una tendencia que se observa desde hace varios años: mientras las pesquerías enfrentan mayores restricciones por la disponibilidad de los recursos y las condiciones ambientales, la acuicultura continúa expandiéndose mediante sistemas productivos cada vez más tecnificados y eficientes.
Una referencia para Argentina
Aunque la realidad productiva argentina es muy diferente a la chilena, la evolución del país trasandino resulta un indicador relevante para observar hacia dónde se dirige la industria acuícola en la región.
En Argentina, la producción acuícola todavía representa una pequeña fracción del volumen pesquero nacional, pero durante los últimos meses comenzaron a registrarse señales que muestran un mayor interés por el sector.
Entre ellas se destacan el proyecto de producción de salmón en tierra que impulsa Aqua Patagonia en Comodoro Rivadavia, la carta de intención firmada entre la provincia de Tierra del Fuego y la empresa Wanchese Cooke para evaluar inversiones acuícolas y el crecimiento sostenido de la producción de trucha en embalses de la Norpatagonia.
A ello se suman distintas iniciativas de investigación y desarrollo impulsadas por universidades, organismos científicos y gobiernos provinciales para diversificar la producción mediante nuevas especies y tecnologías de cultivo.
Una actividad con potencial de crecimiento
Especialistas del sector coinciden en que Argentina posee condiciones naturales favorables, disponibilidad de agua de calidad y un elevado estatus sanitario para expandir su producción acuícola.
Sin embargo, sostienen que el desarrollo de la actividad requerirá inversiones sostenidas, infraestructura, reglas claras y políticas públicas de largo plazo que permitan atraer capitales y consolidar nuevos emprendimientos.
La experiencia chilena demuestra que la acuicultura puede convertirse en un motor de desarrollo económico y exportador cuando existe planificación, innovación y articulación entre el sector público y el privado.
Para Argentina, donde la actividad aún se encuentra en una etapa de crecimiento, la evolución registrada en el país vecino constituye una referencia que permite dimensionar el potencial que la acuicultura podría alcanzar durante los próximos años.














