La materia se consolidó en las últimas décadas como una de las principales fuentes de producción de alimentos acuáticos del mundo y hoy aporta cerca de la mitad del pescado que llega al consumo humano. Sin embargo, el crecimiento del sector también abrió un debate sobre la dependencia que aún mantienen numerosas especies cultivadas respecto de la harina y el aceite de pescado elaborados a partir de capturas silvestres, así como sobre la sostenibilidad de esas cadenas de suministro.
Una investigación publicada por The Outlaw Ocean Project y difundida por el diario español El País analiza el recorrido de la harina de pescado utilizada por la industria acuícola y plantea interrogantes sobre los impactos ambientales, sociales y laborales asociados a su producción en distintos países.
El informe recuerda que especies ampliamente cultivadas como el salmón, la trucha, la lubina, la dorada y el camarón requieren alimentos balanceados que, en muchos casos, continúan incorporando harina y aceite de pescado obtenidos de especies capturadas en el mar. Según el trabajo, un salmón de cultivo puede consumir durante su crecimiento varias veces su propio peso en peces silvestres destinados a la fabricación de estos insumos.
El investigador Daniel Pauly, director del proyecto Sea Around Us de la Universidad de Columbia Británica, sostiene que este modelo representa uno de los principales desafíos para la evolución de la acuicultura moderna, ya que parte de la producción continúa dependiendo de recursos pesqueros naturales.
La investigación de The Outlaw Ocean Project, desarrollada durante dos años, relevó más de 1.400 plantas de harina de pescado distribuidas en 64 países y reconstruyó las cadenas de suministro desde la captura hasta las fábricas de alimento balanceado, las granjas acuícolas y los comercios minoristas.
Entre sus conclusiones menciona conflictos sociales vinculados con la instalación de plantas procesadoras, denuncias por contaminación ambiental, episodios de pesca ilegal y problemas laborales registrados en diferentes regiones de África, Asia y América Latina. También documenta situaciones de inseguridad alimentaria en comunidades costeras donde especies tradicionalmente destinadas al consumo local son utilizadas para la producción de harina de pescado destinada a la exportación.
Otro de los aspectos abordados por el informe es la creciente internacionalización de las cadenas de suministro. En el caso de España, gran parte de la harina de pescado utilizada por sus establecimientos acuícolas proviene del exterior, mientras que el país también importa grandes volúmenes de salmón de cultivo cuya producción depende de estos ingredientes.
No obstante, el mismo trabajo también reconoce que la acuicultura genera beneficios relevantes en numerosos países. Destaca, por ejemplo, la creación de empleo en India, el aumento de la disponibilidad de alimentos acuáticos en Bangladesh y una huella de carbono generalmente inferior a la registrada por otras producciones ganaderas como la bovina o la porcina.
Además, subraya que aproximadamente un tercio de la producción acuícola mundial corresponde actualmente a especies que no requieren alimentación externa, como mejillones, ostras y otros bivalvos, considerados entre los sistemas de producción de proteínas animales con menor impacto ambiental.
En el caso argentino, este aspecto resulta particularmente relevante debido al potencial que poseen distintas especies de moluscos y otros organismos filtradores para el desarrollo de una acuicultura de bajo impacto, junto con las investigaciones que llevan adelante instituciones como el INIDEP para diversificar la producción de especies marinas.
El estudio también señala que la industria trabaja en el desarrollo de alternativas a la harina de pescado mediante proteínas obtenidas de algas, insectos, microorganismos, hongos y subproductos agrícolas. Sin embargo, reconoce que estas soluciones todavía enfrentan limitaciones económicas y productivas para reemplazar completamente los insumos tradicionales a escala mundial.
Por su parte, la organización IFFO, que representa a la industria internacional de la harina y el aceite de pescado, defendió el rol de estos productos dentro de la acuicultura y sostuvo que el sector continúa siendo uno de los sistemas más eficientes para producir proteínas animales, al tiempo que impulsa mejoras permanentes en materia de sostenibilidad.
Mientras la demanda mundial de alimentos acuáticos continúa creciendo, el debate se orienta cada vez más hacia la necesidad de compatibilizar el aumento de la producción con una menor dependencia de las capturas silvestres, el fortalecimiento de la trazabilidad y la incorporación de nuevas fuentes de alimentación para las especies cultivadas.
Fuentes: El País (España); The Outlaw Ocean Project; Sea Around Us (Universidad de Columbia Británica); IFFO – The Marine Ingredients Organisation.














