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Enzimas y fermentos biológicos ganan espacio como aliados clave para una acuicultura más eficiente

La búsqueda de sistemas de producción más sustentables y eficientes está llevando a la acuicultura hacia soluciones cada vez más vinculadas con la biología y..

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La búsqueda de sistemas de producción más sustentables y eficientes está llevando a la acuicultura hacia soluciones cada vez más vinculadas con la biología y los procesos naturales. En ese contexto, el uso de enzimas vivas y fermentos simbióticos comienza a consolidarse como una de las herramientas más prometedoras para mejorar la calidad del agua, reducir residuos orgánicos y optimizar el rendimiento productivo en peces y camarones.

Especialistas del sector sostienen que uno de los mayores problemas de la acuicultura intensiva se desarrolla fuera de la vista del productor: la acumulación constante de materia orgánica en el fondo de los estanques.

Restos de alimento no consumido, heces, mucosidades y residuos metabólicos se transforman con el tiempo en un ambiente propicio para la formación de compuestos tóxicos como amonio, nitritos y sulfuro de hidrógeno, considerado uno de los principales enemigos silenciosos de los cultivos acuáticos.

Este último compuesto puede provocar daños en branquias, alterar procesos metabólicos e incluso generar mortalidades repentinas en condiciones críticas.

Durante años, la industria respondió mediante aireación, recambios de agua, sifoneos y productos químicos. Sin embargo, las nuevas tendencias apuntan hacia estrategias biológicas capaces de trabajar de forma más estable y sustentable dentro de los sistemas de cultivo.

Uno de los enfoques que más interés despierta actualmente consiste en utilizar bacterias beneficiosas capaces de producir enzimas extracelulares que aceleran la degradación natural de los residuos orgánicos.

Las bacterias del género Bacillus, ampliamente utilizadas como probióticos en acuicultura, poseen la capacidad de liberar proteasas, amilasas, lipasas y otras enzimas que ayudan a descomponer proteínas, grasas y carbohidratos acumulados en el sistema.

A partir de fermentos elaborados con ingredientes simples como agua, melaza y salvado, es posible generar enormes poblaciones bacterianas que actúan como verdaderas “fábricas biológicas” dentro del cultivo.

Los investigadores explican que estas enzimas no eliminan instantáneamente los residuos, sino que fragmentan las moléculas complejas en compuestos más simples que luego pueden ser aprovechados por otras comunidades microbianas beneficiosas.

El resultado es una mineralización más eficiente de la materia orgánica y una mejora progresiva en la estabilidad del ecosistema acuícola.

Además de actuar sobre el fondo de los estanques, estos fermentos también pueden utilizarse directamente sobre el alimento balanceado.

Cuando el alimento se humedece previamente con soluciones ricas en enzimas, comienza un proceso de predigestión que facilita la absorción de nutrientes por parte de peces y camarones.

Las proteínas se fragmentan en péptidos más pequeños, los almidones se degradan y las grasas comienzan a hidrolizarse, mejorando la digestibilidad del alimento y reduciendo la cantidad de desechos excretados al agua.

Especialistas sostienen que esta tecnología simbiótica podría marcar una nueva etapa para la acuicultura moderna, basada en la interacción equilibrada entre microbiología, nutrición y ecología microbiana.

En lugar de combatir constantemente los efectos de la acumulación orgánica, el objetivo pasa a ser construir ecosistemas biológicos funcionales capaces de transformar residuos en recursos útiles para el propio sistema productivo.

La tendencia refleja un cambio de paradigma dentro de la actividad, donde la sostenibilidad ya no depende únicamente de infraestructura o manejo, sino también de comprender y aprovechar los procesos biológicos que naturalmente regulan los ambientes acuáticos.

Fuente: Panorama Acuícola

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