La acuicultura continuará siendo el principal motor del crecimiento de la producción mundial de alimentos acuáticos durante la próxima década y, para 2035, representará el 56% del total de la producción pesquera y acuícola del planeta. Así lo proyecta el informe Perspectivas Agrícolas OCDE-FAO 2026-2035, presentado recientemente en Roma, un documento de referencia internacional que analiza la evolución de los mercados agrícolas, pesqueros y acuícolas a nivel global.
El estudio estima que la producción mundial conjunta de pesca y acuicultura crecerá un 11% en los próximos diez años, pasando de un promedio de 194 millones de toneladas registrado entre 2023 y 2025 a unas 216 millones de toneladas en 2035. Aunque el ritmo de expansión será menor al observado durante la década anterior, la acuicultura seguirá impulsando prácticamente todo el crecimiento del sector.
Las proyecciones indican que la producción acuícola mundial alcanzará los 121 millones de toneladas en 2035, un incremento del 18% respecto del período base. Si bien este crecimiento resulta inferior al 51% registrado durante la década pasada, confirma que el cultivo de especies acuáticas continuará siendo la principal fuente de abastecimiento para una demanda internacional en constante expansión.
El informe atribuye esta desaceleración a factores como la mayor exigencia de las regulaciones ambientales, la disponibilidad cada vez más limitada de nuevos sitios aptos para el desarrollo de establecimientos acuícolas y la necesidad de avanzar hacia sistemas de producción más eficientes y sostenibles.
Asia seguirá siendo el gran protagonista de la actividad, concentrando el 88% de la producción acuícola mundial. Sin embargo, el documento destaca que África y América serán las regiones que experimentarán el mayor crecimiento porcentual durante la próxima década, con expansiones previstas del 37% y 24%, respectivamente.
Para Argentina, este escenario representa una oportunidad estratégica. Si bien el país todavía posee una producción acuícola reducida en comparación con otros mercados internacionales, dispone de amplias condiciones naturales para expandir el cultivo de especies como trucha arcoíris, mejillones, ostras y, potencialmente, salmón mediante sistemas de recirculación en tierra (RAS), además de proyectos vinculados a nuevas especies marinas que actualmente se encuentran en etapa experimental.
El fortalecimiento de la investigación científica impulsada por organismos como el INIDEP, el desarrollo de tecnologías de cultivo y el creciente interés de inversores nacionales e internacionales permiten visualizar un escenario favorable para que Argentina incremente progresivamente su participación dentro del crecimiento previsto para América.
En cuanto a las especies cultivadas, el informe prevé que las carpas seguirán ocupando el primer lugar mundial, aunque perderán levemente participación frente al crecimiento de otras especies de agua dulce, camarones, langostinos, tilapia y salmónidos. Para 2035, los moluscos representarán el 19% de la producción acuícola global; otras especies de agua dulce y diádromas, el 17%; camarones y langostinos, el 10%; tilapia, el 7%; y los salmónidos, el 4%.
Por su parte, la pesca extractiva mantendrá un crecimiento mucho más moderado. La producción mundial alcanzaría alrededor de 95 millones de toneladas hacia 2035, apenas un 3,4% por encima del período base. El aumento dependerá principalmente de mejoras en la administración de las pesquerías, avances tecnológicos y una reducción de descartes y desperdicios, aunque fenómenos climáticos como El Niño podrían generar caídas temporales en las capturas, especialmente en Sudamérica.
Otro aspecto destacado del informe es la evolución de la producción de harina y aceite de pescado. Para 2035 se espera una mayor utilización de subproductos provenientes del procesamiento industrial, que representarían cerca del 30% de toda la harina de pescado producida en el mundo, favoreciendo modelos de economía circular y una mejor valorización de los recursos pesqueros.
Las perspectivas de la OCDE y la FAO reflejan que la acuicultura continuará consolidándose como una actividad esencial para garantizar la seguridad alimentaria mundial. Para países con potencial de desarrollo como Argentina, el desafío pasa por generar condiciones que permitan transformar sus ventajas naturales en producción sostenible, innovación tecnológica y nuevas oportunidades de inversión y empleo.














