El INDEC midió por primera vez la acuicultura: el sector creció 36% en ocho meses y busca dejar de ser la gran promesa incumplida

El organismo oficial argentino incorporó los datos de la actividad al índice pesquero nacional. Los números muestran una expansión sostenida, pero el contraste con Chile..

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El organismo oficial argentino incorporó los datos de la actividad al índice pesquero nacional. Los números muestran una expansión sostenida, pero el contraste con Chile sigue siendo lapidario.

Por redacción de Acuicultura Argentina

Hay un número que incomoda y que en el sector ya nadie puede ignorar: Chile exportó en 2023 más de 7.700 millones de dólares en salmón rosado. Argentina, en ese mismo año, no llegó a los 2.000 millones con todo su complejo pesquero junto. La diferencia no es de escala, es de decisión estratégica. Y la acuicultura es exactamente ese territorio donde Argentina todavía no terminó de decidirse.

Sin embargo, algo está cambiando. Por primera vez en la historia, el INDEC incorporó la acuicultura al Índice de Producción Industrial Pesquero. No es un dato menor: significa que el Estado argentino empezó a medir formalmente una actividad que hasta ahora vivía en los márgenes de las estadísticas oficiales. Los números son elocuentes: entre enero y agosto de 2025, la acuicultura acumuló un crecimiento del 36,1% frente al mismo período del año anterior, posicionándose como uno de los componentes más dinámicos del entramado pesquero nacional.

El contexto global también empuja. En 2024, por primera vez en la historia, la producción industrial de peces superó a la pesca extractiva en los mares, según la FAO. La organización estima además que la producción de animales acuáticos crecerá un 10% para 2032, impulsada por la expansión de la acuicultura continental.

Argentina tiene condiciones para aprovechar esa ventana. La acuicultura nacional se apoya principalmente en dos especies: el pacú en el noreste y la trucha arco iris en la Patagonia, con proyecciones de llegar a las 10.000 toneladas anuales para esta última. El mejillón, por su parte, también gana terreno con metas de producción que rondan las 5.000 toneladas.

Pero el potencial choca con una realidad difícil de disimular. Mientras en Perú el consumo per cápita de pescado llega a 27 kilogramos por año y en Asia a 25, en Argentina la cifra es de apenas 5 kilogramos. Baja demanda interna, regulaciones históricamente dispersas y una tendencia cultural que relegó la acuicultura frente a la pesca extractiva tradicional explican buena parte del rezago.

El desafío ahora es que la medición no se quede en un gesto administrativo. Que el INDEC empiece a registrar la actividad es el primer paso; el segundo es que esa información oriente política pública, inversión y financiamiento. La acuicultura argentina lleva décadas siendo presentada como una promesa. Los números de 2025 sugieren que algo está madurando. La pregunta es si esta vez el país está dispuesto a cosecharlo.

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